Espejismos en el desierto

En busca de la elusiva brecha entre productividad laboral y salario mínimo en Colombia

Escribo este artículo como un ejercicio académico para enriquecer un debate que me llamó la atención en estos días sobre la aparente brecha entre el salario mínimo y la productividad laboral por hora. El debate surge a raíz de una serie de publicaciones del economista Daniel Ossa, quien argumenta (con base en un artículo de él mismo del 2017) que durante los últimos 30 años la brecha entre la productividad laboral y el salario mínimo cada vez era más grande. Es decir, según sus argumentos y la evidencia que presentó en redes sociales, durante las últimas tres décadas la productividad laboral creció más que el salario mínimo legal en términos reales, y el aumento nominal del 23% del salario para el 2026 sería un esfuerzo por cerrar esa brecha.
Relatividad de Escher (1953) vía National Gallery of Art.

Me dio curiosidad ver si esta afirmación es cierta y, de paso, aclarar por qué a tres respetados economistas (Daniel Ossa, Leonardo Urrea y José Pulido) les dio resultados distintos. El resultado, después de comparar metodologías y formas de cálculo, es que la brecha depende de cómo se construyan las series, y que una comparación más acertada muestra que no existe tal brecha y que, de hecho, es negativa. Lo que hago en este artículo es replicar los ejercicios de los tres economistas, tomando datos de las mismas fuentes que ellos usaron, para entender qué hicieron y por qué a Ossa le da una brecha positiva y grande, y a Urrea y Pulido les dan brechas negativas.

¿El salario mínimo es muy inferior al PIB por trabajador? 

El primer ejercicio consiste en replicar la siguiente gráfica que Ossa presentó (ver el hilo acá: https://x.com/_DanielOssa/status/2054342411971965105). Según él, en 2025 la brecha de productividad al salario mínimo es positiva y creció sustancialmente desde 2003. Según sus cálculos, el salario mínimo de 2026 debió haber subido más del 23% para poder cerrar esa brecha.


Qué hizo Ossa en esta gráfica:
  1. Para calcular su medida de productividad laboral, tomó la serie de producto interno bruto (PIB) por trabajador en precios corrientes reportada por la OCDE (1995-2024) y la deflactó con el IPC del año en curso (t).
  2. Para el 2025 parece que hay una inconsistencia:
    1. Para la gráfica, extendió la serie con la variación de la productividad total de los factores reportada por el DANE (0,75%).
    2. Pero luego dice que la brecha se cerraría si el salario mínimo decretado para el 2026 (decretado en diciembre de 2025) fuese de $1.783.868, con un crecimiento nominal del 25,32%. Esta cifra es consistente si la serie del PIB por trabajador se hubiese extendido a 2025 con la variación de la productividad laboral por hora trabajada reportada por el DANE a finales de 2025 (-0,56%). 
    3. Entonces, hay una inconsistencia entre la serie que él presenta gráficamente y el cálculo que presenta del aumento necesario para cerrar la brecha. Si el cálculo se hubiese hecho contra el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), el salario mínimo nominal habría tenido que crecer 26,96%, para un salario aproximado de $1.807.300.
    4. ¿Cuál de las dos medidas se debería usar? Si queremos hablar exclusivamente de productividad laboral y compararla con salarios, tiene más sentido usar la productividad por trabajador en vez de la PTF (más adelante profundizo en este debate). Pero usar este valor para extrapolar el PIB por trabajador es incorrecto: la metodología del DANE, como explicaron Leonardo Urrea y Christian Gómez en su artículo "El debate de la fijación del salario mínimo se basa en un error de cálculo", publicado en la Red de Expertos de La Silla Vacía, no consiste simplemente en dividir el PIB entre el número de trabajadores. Entonces, se están comparando dos series distintas que no se pueden empalmar así de fácil.
  3. Para calcular la serie de salario mínimo real: en cada año (eje x) puso el salario mínimo legal del año siguiente, deflactado contra la inflación del año anterior. Es decir, en el eje x, cuando dice 2025, Ossa pone el salario mínimo vigente en 2026 deflactado contra el IPC de 2025. La razón es que, como la decisión se tomó a finales de 2025, se debería ubicar el salario vigente de 2026 en el año 2025. Es decir, para un salario vigente en el periodo t, lo deflactó contra la inflación del periodo t-1.
Acá muestro la gráfica de Ossa, replicada con la información que él dio en sus publicaciones. La figura 1 muestra cómo la brecha entre la productividad y el salario mínimo efectivamente aparece cuando se compara el PIB por trabajador de la OCDE (deflactado con el IPC) contra el salario del año siguiente (deflactado con el IPC del año anterior a su entrada en vigor, t-1). Según este ejercicio, en 2024, comparado con 1996, el salario mínimo se encontraba en términos reales 30 puntos porcentuales por encima del índice de esta primera medida de productividad laboral.



Pero hay dos errores serios que Ossa cometió al construir estas gráficas para llegar a su conclusión. Ambos errores parten de formas equivocadas de deflactar las series del PIB por trabajador y el salario mínimo.

Primera corrección: para obtener una medida de productividad laboral, el PIB por trabajador se debe deflactar con el deflactor del PIB y no con el índice de precios al consumidor (IPC).

Este es el primer error. Ossa deflactó el PIB por trabajador con el IPC, lo cual es problemático por dos razones. La primera: el PIB se deflacta con el deflactor del PIB, no con el IPC; son dos formas distintas. Al deflactar con el IPC (índice de precios al consumidor), se deflacta el PIB con los precios que paga un consumidor. Pero el IPC no toma en cuenta el precio de las exportaciones ni el de bienes que no son de consumo final de un hogar colombiano, aunque sí hacen parte del PIB. Entonces, si el objetivo es construir una medida de productividad laboral a partir del PIB por trabajador, toca deflactarlo con el deflactor del PIB ("cuánto producto final genera un trabajador") y no con el IPC, para evitar medir otra cosa.

La segunda razón: los cambios en precios relativos a lo largo de un periodo amplio de tiempo no capturan correctamente la aparición y desaparición de productos, bienes y servicios. Sobre esto hablaré más adelante, cuando replique otro ejercicio. Usar el IPC como deflactor para obtener una medida de productividad laboral no captura, por ejemplo, la aparición de un producto que haría a un trabajador más productivo (en 1996 ningún ingeniero habría podido pagar una suscripción de Claude para programar más rápido) o que fue el resultado de trabajadores más productivos (¿cuál habría sido el precio de un iPhone en 1996? No lo sabemos).

La siguiente gráfica corrige este primer error. En la línea azul punteada muestro la serie original del PIB por trabajador deflactado con el IPC (eliminé la extrapolación a 2025 que hizo Ossa, para comparar solamente con los datos de la OCDE y no mezclar metodologías). La línea azul sólida muestra el PIB por trabajador deflactado con el deflactor implícito del PIB obtenido de las cuentas nacionales del DANE. Con esta corrección, la brecha de 2024 cae de 30 puntos porcentuales a solo 6 pps, y la de 2025 pasa de 5,7 pps a una brecha negativa (la productividad laboral es menor que el salario mínimo) de -20,6 pps. Es decir, al deflactar correctamente el PIB por trabajador para obtener un mejor proxy de la productividad laboral, la brecha se vuelve menor, y el último salario mínimo decretado ya se encontraría por encima de la productividad. En este caso, para mantener consistencia con la gráfica de Ossa, extrapolé la serie de la OCDE hacia 2025 con la productividad total de los factores reportada por el DANE.



Segunda corrección: para obtener un salario real se debe deflactar con los precios del periodo en que ese salario se paga.

Recordemos: para graficar la línea anaranjada, Ossa, en el periodo t, imputó el salario vigente en el periodo t+1 contra el IPC del periodo t. Es decir, dividió el salario de 2026 entre el IPC de 2025. Esto es problemático por la sencilla razón de que se deflacta el salario mínimo con un deflactor incorrecto. A un trabajador que recibe su salario en 2026 le interesa saber cómo son los precios en 2026. Aunque el argumento sea que la decisión sobre el salario de 2026 se tomó en 2025, para deflactarlo correctamente tocaría deflactar, en 2025, el salario vigente en 2025 contra el IPC de 2025. Esto mantiene la consistencia lógica del ejercicio y, además, refleja la realidad de los trabajadores: en el año t, cuando reciben su salario, lo usan para comprar cosas a precios corrientes, es decir, con los precios del año t.

La siguiente gráfica muestra la combinación de ambas correcciones: el PIB por trabajador de la OCDE deflactado con el deflactor del PIB (línea azul) y el salario mínimo, con la temporalidad corregida, deflactado con el IPC del mismo año en que está vigente. En este caso, para evitar el problema de cómo extender la serie del PIB por trabajador de la OCDE, no reporté la brecha de 2025. Con estas dos correcciones, la brecha de 2024 cae de 30 pps a una brecha negativa de 10,6 pps. Adicionalmente, ya se ve gráficamente cómo la variación del salario mínimo siguió de cerca los cambios en la relación del PIB por trabajador, e incluso estuvo por encima entre 1999 y 2005.




En redes hubo una discusión más a fondo. Con el ánimo de continuar la réplica de los ejercicios para encontrar la elusiva brecha de productividad, acá va otro ejercicio. El mismo economista inicialmente había mostrado una brecha aún más amplia, de hasta 56,7 puntos porcentuales, esta vez relativa a 1995 (ver este hilo: https://x.com/josepulidop/status/2023059997563769121).


El problema de esta gráfica es que usa como medida de productividad laboral una serie incorrecta. Logré replicar la gráfica de Ossa a partir de las indicaciones que encontré en su hilo en X y con los mismos datos de la OCDE. En este caso, Ossa deflactó el salario mínimo correctamente con el IPC del año en curso. Pero, como medida de productividad laboral, tomó una serie real del PIB por hora trabajada de la OCDE, encadenada en volumen (chain-linked, en inglés). El problema es que el salario mínimo en Colombia se define como el salario mínimo legal mensual, es decir, se paga por trabajador y no por hora trabajada. Adicionalmente, con la reducción de las horas trabajadas estatutarias y promedio durante las últimas tres décadas, es normal y de esperarse que el PIB por hora trabajada haya crecido más que proporcionalmente.



Tercera corrección: es preferible usar una medida de PIB por trabajador que de PIB por hora trabajada, para evitar que los cambios en horas trabajadas sesguen el resultado.

Tomé, de la misma fuente, la variable de PIB por trabajador en volumen encadenado (chain-linked). Ahora la línea verde representa esta medida de productividad laboral. Este es el mismo ejercicio que José Pulido replicó en X, y donde hubo otra controversia entre ambos economistas (ver este hilo: https://x.com/_DanielOssa/status/2055121164369084723). Al hacer esta tercera corrección, la brecha se torna negativa: en 2024, relativa a 1995, fue de -21,8 puntos porcentuales. Con esta corrección, el salario mínimo real se encontró por encima del PIB por trabajador de forma consistente desde 1998.





Comparado con la productividad laboral por trabajador, ¿el salario mínimo es más bajo?

Finalmente, hay un último ejercicio para replicar. Hasta este punto, como proxy de la productividad laboral se usó el PIB por trabajador (con distintas formas de deflactarlo). Pero, como explican Urrea y Gómez, esa no es la mejor forma de medir la productividad laboral. En resumidas cuentas, dividir el PIB entre la cantidad de trabajadores no dice si un trabajador produce más porque es más productivo o porque hay nuevas herramientas o máquinas (es decir, capital) que lo hacen más productivo. El DANE, con la metodología LAKLEMS, estima una medida distinta de la productividad laboral por trabajador. En vez de dividir el PIB entre trabajadores, estima la PTF como un residuo de Solow ("lo que no podemos explicar del crecimiento a partir de la acumulación de capital y la cantidad de trabajadores") y la productividad laboral por persona ocupada mediante una metodología más elaborada que la simple división del PIB entre ocupados.

De esta metodología se obtienen los valores reportados a la mesa de concertación laboral sobre productividad total de los factores, productividad por hora trabajada y productividad por trabajador, según lo estipulado por la Ley 278 de 1996.

Cuando se compara con el año base de 2004 (la serie del DANE arranca en 2005), el salario mínimo real correctamente deflactado contra la senda de la productividad laboral por persona ocupada, por hora trabajada o la productividad total de los factores, la brecha es negativa y se acrecentó desde 2022. Acá va la gráfica que mostró Leonardo Urrea (ver hilo en X: https://x.com/leo_urrea_r/status/2054961186454556833):



Y acá, en el mismo espíritu de replicar los ejercicios que vi, va la gráfica replicada y actualizada con el dato de 2026. La famosa brecha se mantiene negativa de forma consistente, comparada con la productividad por trabajador, desde 2010.


Finalmente, para mantener consistencia con el resto de los ejercicios, replico esta última gráfica nuevamente, pero esta vez deflacto el salario mínimo con los precios del año en que estuvo vigente, y no con los del año anterior. Esta es mi medida preferida para comparar la evolución del salario mínimo contra la productividad por trabajador. En este caso, la línea roja representa el salario mínimo con auxilio de transporte, deflactado con el IPC del año en que estuvo vigente, contra la productividad laboral por trabajador. Relativo a 2004, el salario mínimo real en 2025 creció 49,4%, mientras que la productividad laboral por trabajador creció solo 19,3%. Esta brecha de 30,1 puntos porcentuales es preocupante, ya que el salario mínimo real de 2026 (con auxilio de transporte) se encuentra 73,6% por encima de lo que fue en 2004. Esto implicaría que, de 2025 a 2026, la productividad laboral tendría que crecer 45,6% en un año solo para mantenerle el ritmo al crecimiento del salario mínimo.


Saco tres conclusiones de estos ejercicios:

1. La forma en que se manipulan los datos importa mucho y puede llevar a conclusiones erradas. Por ejemplo, deflactar erróneamente el PIB por trabajador con el IPC, en vez de con el deflactor del PIB, da una medida inflada de productividad. Deflactar el salario mínimo con la inflación del año anterior genera ruido, ya que, en últimas, a un trabajador le importa su salario frente a los precios que ve en el mismo año. Y usar medidas por hora trabajada o por trabajador también importa. En fin, según cómo se mire, el oasis es un espejismo o no: los datos importan y es clave contrastar fuentes y metodologías.

2. No existe una brecha positiva de productividad al salario mínimo. En lo acumulado de las últimas tres décadas, el salario mínimo legal vigente en términos reales creció más rápido que la productividad laboral. Esto tiene implicaciones sobre el mercado laboral, el crecimiento y la informalidad que es necesario estudiar, ya que no es sostenible en el tiempo que el costo laboral de las empresas crezca por encima de la productividad de los trabajadores.

3. Es una invitación a hacer una reflexión mucho más profunda y a pensar el salario mínimo como una herramienta de política. ¿Es una herramienta de protección social? ¿O una herramienta de política industrial? O, en cambio, ¿es una herramienta para corregir casos específicos de abuso de poder de mercado en el mercado laboral y que, por lo tanto, debería verse bajo un lente de competencia?

Ñapa: les recomiendo leer esta entrada que escribí hace un tiempo sobre este tema: Es innegable que para ganar mejores salarios tiene que subir la productividad laboral.

   

Enrique Sanz Posse
4 de julio de 2026

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