La falacia del choque externo

Algunos críticos/heterodoxos afirman que, si la causa de la inflación es un choque de precios relativos externo (ej. precios del petróleo), entonces subir la tasa de interés no hace nada para evitar que ese choque externo de precios relativos genere inflación en Colombia. Esta afirmación es falsa. Acá elaboro un argumento para refutar (hay varios y el mundo es más complejo de lo que los heterodoxos pretenden afirmar). Supongamos que es cierta la premisa del argumento. Veamos cómo, aun si aceptamos esa premisa, no sigue que subir la TPM no ayude a combatir la inflación y, por lo tanto, la afirmación es falsa. Esto es, acá va una razón (de varias) sobre porqué invocar el choque externo para afirmar que subir la tasa de interés no sirve es una falacia.

El aprendiz del Brujo de Ferninand Bath (1882)

La premisa parte de que un choque de precios relativos externo (ej. un aumento drástico e inesperado de los precios del petróleo) mediante diversos canales se convierte en un choque inflacionario en Colombia. Un canal mencionado por un grupo de economistas heterodoxos es el canal de costos en una economía con elevadas fricciones y barreras a la competencia. Bajo este mecanismo, los mayores costos de un insumo productivo (ej. combustibles) encarecen los precios de la canasta básica mediante mayores costos de transporte y también aumentan el precio de los alimentos vía mayores costos de los agroinsumos.

Vale la pena aclarar que en Colombia los precios de la gasolina corriente y el diésel están regulados por el gobierno y actualmente se encuentran por debajo de sus niveles de paridad internacional. Más aún, el gobierno no ha dado señales de eliminar ese subsidio de manera que el canal de costos de combustibles se encuentra apagado. Así que, de costos, solo queda el canal de mayor precio de los agroinsumos (entre algunos otros productos importados). Por simplicidad, me enfocaré en analizar el canal de transmisión del choque externo a la inflación local mediante el precio de los agroinsumos.

La premisa implica que, a mayores precios de agroinsumos, los productores pueden reaccionar de distintas formas, entre ellas subirle los precios a los consumidores. Por ejemplo, otras formas de reaccionar son reducir márgenes de ganancia, limitar beneficios no salariales a sus trabajadores, recortar tasas de inversión y/o mantenimiento, dedicarle menos recursos a la investigación y desarrollo o reducir pedidos de inventario. Para que este canal esté activo, la premisa implica que los productores de alimentos transfieren a los consumidores el mayor costo de los agroinsumos.

Dado que los alimentos son en su mayoría bienes inelásticos (la gente va a seguir comprando comida), es razonable esperar que los precios de los alimentos suban como respuesta al choque de precios de los agroinsumos.

Los consumidores, ante este choque de precios relativos (algunos productos se vuelven más caros), tienen tres alternativas: consumir menos de estos bienes más caros y mantener estable su consumo del resto de bienes (1), mantener estable su consumo de estos bienes caros y reducir su consumo de otros bienes (2), o mantener estable su consumo de todo lo que consume y ahorrar menos y/o endeudarse para lograrlo (3).

Para que el choque de precios relativos se convierta en un choque inflacionario, es necesario que se dé el escenario (3): los agentes no ajustan su consumo y recurren a sus ahorros o al crédito para poder consumir lo mismo, pero más caro.

Vamos escenario por escenario.

(1): Los consumidores reducen su consumo de alimentos y mantienen estable su gasto en el resto. De esta manera, su consumo total en pesos no cambia (ya que compran menos alimentos). Dado que la inflación es el aumento sostenido y general de todos los precios de una economía, bajo este escenario un choque de precios relativos no necesariamente causa un choque inflacionario, ya que el consumo total en pesos no se ve afectado. Así que por acá no es.

(2): Los consumidores no ajustan su consumo de alimentos, pero sí reducen su consumo de otros bienes. Pasa lo mismo que en el escenario anterior. El consumo total en pesos no cambia de manera que un choque de precios relativos no genera un choque inflacionario. (se valen combinaciones de (1) y (2), el punto es que los consumidores no cambien su consumo nominal total).

(3): Para mantener estable en términos reales su nivel de consumo, los consumidores tendrían que gastar más pesos. Para hacerlo pueden: ahorrar menos, recurrir al crédito o desahorrar. Si esto pasa, el ahorro nacional cae y el consumo sube simplemente porque los consumidores ahora están gastando más en pesos para consumir la misma canasta de bienes de antes. Cómo aumenta el gasto total, el choque de precios relativos si tendría en este escenario un impacto inflacionario ya que ante un aumento de precios los hogares no redujeron su consumo.

Listo, entonces ya tenemos un canal mediante el cual la premisa del argumento se sostiene (un choque externo de precios relativos puede generar un choque inflacionario local), el cual opera mediante un mayor consumo y menor ahorro privado. Entonces, el ejercicio es aceptar la premisa (si la inflación proviene de afuera) y refutar su conclusión (entonces subir la TPM no reduce la inflación).

Resumiendo, la premisa consta de dos pasos lógicos: primero, frente al aumento de los insumos importados (ej. agroinsumos) los productores les aumentan los precios a los consumidores, y segundo, los consumidores deciden desahorrar o recurrir al crédito para mantener su consumo, manteniendo elevada la demanda agregada (relativa a la menor oferta).

Pero entonces, si aceptamos ambas partes de la premisa, resulta que subir la tasa de interés sí puede ayudar a mitigar que un choque externo genere una mayor inflación. Acá va un canal mediante el cual subir la tasa de interés sí ayuda: ¡subir la tasa de interés contribuye a fortalecer el peso! Sabemos que en el corto plazo aumentos de la TPM ayudan a apreciar el peso colombiano, lo cual abarata el precio en pesos de los productos importados. Dado que el país importa gasolina, gas y agroinsumos y subir la tasa de interés fortalece el peso colombiano, esto efectivamente reduce su precio para los productores colombianos.

Entonces, la primera parte de la premisa se mitiga: aunque en dólares los agroinsumos sean más caros, la apreciación del peso mitigaría parcialmente ese efecto sobre precios en pesos. Y, asimismo, la segunda parte de la premisa también: frente a tasas de interés más altas, los hogares ahora tienen mayores incentivos a ahorrar (ej. cuentas de ahorro, CDTs, etc.) y menores incentivos a endeudarse, ya que ahora pedir créditos es más caro. De manera que subir la tasa de interés resuelve (así sea parcialmente) las dos partes de la premisa que acabamos de aceptar. Por lo tanto, es falso afirmar que subir la tasa de interés NO ayuda a combatir la inflación cuando tiene una causa en un choque externo de precios relativos.

Otra forma de refutar la afirmación es mencionar que, aunque aceptemos la premisa, la implicación a la conclusión a la que llegan unos críticos heterodoxos también es falsa. Afirman que subir la tasa de interés no funciona y citan dos argumentos a grandes rasgos:
  1. Dado que es un choque externo, mover la tasa de interés interna no resuelve las causas externas (ej. nada puede hacer BanRep por bajar el precio internacional del petróleo o resolver la crisis en el Golfo Pérsico).
  2. Y subir la tasa de interés aumenta el costo del crédito, con lo cual a las empresas les queda más difícil endeudarse para pagar sus mayores costos productivos y por ende no pueden amortiguar tan fácilmente el mayor costo externo. De esta manera, un aumento de la tasa de interés de colocación (ojo, es distinta a la tasa de interés de política monetaria, ya que es la tasa que los bancos cobran cuando otorgan créditos) aumenta los costos financieros de las empresas. A su vez, esto les reduce el margen de maniobra para evitar tener que subirles los precios a los consumidores. Bajo esta lógica, subir la tasa de interés sería entonces contraproducente para bajar la inflación.

Ahora, analicemos los dos argumentos que dan los heterodoxos colombianos para afirmar la conclusión (y por tanto refutarla):

El primer argumento es válido y lo acepto. La crisis en Oriente Medio es algo externo a nosotros y no tenemos nada que hacer.

El segundo argumento, que se basa en el canal de que una mayor TPM aumenta los costos financieros a las empresas, citado por algunos críticos heterodoxos, tiene algo de verdad: el crédito puede funcionar como un amortiguador para las empresas.

La lógica del argumento es que subir la TPM, por el lado de los consumidores, reduce el ahorro y aumenta su demanda de crédito (la premisa que aceptamos como si fuese cierta). Por lo tanto, según este argumento, frente a una mayor TPM y un menor ahorro de los hogares, los bancos reaccionan y suben sus tasas de colocación.

Es decir, a las empresas los bancos les prestarías menos o a una mayor tasa de interés. Como resultado, a las empresas se les aumentan sus costos financieros y tendrían un menor margen de maniobra para absorber mayores costos, con lo cual tendrían que subir precios. El resultado es entonces que frente a una mayor TPM mediante un canal de costos financieros las empresas les aumentan los precios a los consumidores, lo cual desencadenaría un episodio inflacionario.

Esto es falso. Hay varias razones, pero solo desarrollaré dos:

  1. Pensar que todas las empresas usan el crédito para pagar sus costos operativos es poco razonable. Las empresas, a diferencia de un hogar, tienen otras formas de reducir costos operativos: desacumular inventarios, posponer decisiones de inversión, recortar costos administrativos, reducir la calidad de sus productos, etc. Recurrir al crédito para pagar costos operativos es poco eficiente, y una empresa que lo haga por un tiempo sostenido se arriesga a quedar insolvente.
  2. Las tasas de colocación reaccionan más lento y dependen de muchos otros factores que no están en control del Banco de la República. Dependen de expectativas de crecimiento futuro, de la estructura del sector financiero, de qué tan competitivo es el sector financiero, de si las expectativas de inflación están ancladas o no y demás consideraciones de largo plazo. Y, más importante aún, la tasa de interés a la que el gobierno se endeuda. Esto último sí es responsabilidad del gobierno de turno y no del Banco de la República.

En conclusión, aun si es cierta la premisa de algunos críticos heterodoxos de que un choque externo de precios relativos puede generar un ciclo inflacionario en Colombia (mediante el canal de mayores costos de las empresas), subir la tasa de interés sí puede ayudar a evitar o mitigar el choque inflacionario. Y eso que no he hablado del canal de expectativas, o de que la inflación tiene causas más profundas y complejas que un tema de costos empresariales, o que la inflación es un fenómeno monetario, o del impacto que tiene un elevado y persistente déficit fiscal sobre el nivel de precios, entre otras.




24 de abril de 2026

Enrique Sanz Posse

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