Para reducir la pobreza, hay que hacer lo que funciona

Un nuevo paper del Banco de la República descompone doce años de cambios en la pobreza monetaria y llega a tres conclusiones incómodas: el empleo formal es decisivo, las transferencias del gobierno tienen un impacto marginal o negativo, y la inflación es una política social regresiva disfrazada de problema monetario.

El próximo gobierno hereda un reto monumental: reducir la pobreza monetaria. Sobre esto no creo que haya discusión, la pobreza monetaria está asociada con una infinidad de problemas de manera que desde el punto de vista que se analice, reducirla es deseable. La pregunta no es si hacerlo, sino cómo. Por obvio que suene, la respuesta es hacer lo que sabemos que funciona y evitar lo que sabemos que no funciona. Suena obvio decirlo, pero en la discusión de política económica este principio básico es ignorado, tergiversado, invertido o descartado (prefiero pensar que es por incompetencia, ignorancia o por sesgos inconscientes, no quiero suponer que es por malicia).

Des glaneuses (Las espigadoras) de Jean-François Millet via Musée d’Orsay. Óleo sobre lienzo.

Entonces, si queremos reducir la pobreza monetaria, necesitamos las mejores soluciones y hacer lo que sabemos que funciona en reducirla y no hacer lo que sabemos que no funciona para reducir la pobreza monetaria. Un paper reciente de Karina Acosta y Jesús Saldaña, publicado como Documentos de Trabajo sobre Economía Regional y Urbana en el Banco de la República, ayuda a aclarar el panorama con evidencia sobre los principales factores que explican la reducción de la pobreza monetaria entre 2012 y 2024 y sus conclusiones deberían estar en el centro del debate de política pública.

¿De dónde partimos?

Colombia pasó de una tasa de incidencia de pobreza monetaria del 41% en 2012 al 36,5% en 2019, justo antes de la pandemia. Tras la recuperación económica del 2021-2022, esa cifra bajó al 31,8% en 2024, según el DANE. En doce años, la pobreza cayó casi diez puntos porcentuales. Ese progreso es real y vale la pena reconocerlo (siempre es importante recordar que las cifras económicas tienen detrás personas reales). Pero la pregunta relevante no es cuánto cayó la pobreza, sino qué la redujo, porque la respuesta dicta qué políticas tiene sentido priorizar y cuáles son, en el mejor caso, un desperdicio. Así, una vez identificamos qué sirve y qué no sirve, podremos hacer lo que sirve y no hacer lo que no sirve. Voy a ser repetitivo con este principio.

Figura 1: Evolución de la pobreza monetaria en Colombia (2012–2024) de recursos.

Lo que funciona: empleo formal

Usando una descomposición detallada tipo Shapley basada en los ingresos que identifica el rol de los ingresos laborales (formales e informales), los ingresos no laborales, las transferencias institucionales, los factores demográficos y los sectores económicos en la reconfiguración de la dinámica de la pobreza, el paper identifica los factores que explican esa caída y encuentra algo que no es nuevo, pero que con frecuencia se ignora en el debate público: los ingresos laborales son, por lejos, el principal motor de reducción de la pobreza.

El mecanismo opera por dos vías. La primera es el margen extensivo: más colombianos con empleo formal, es decir, más personas integradas al aparato productivo con acceso a seguridad social y protección laboral. La segunda es el margen intensivo: salarios formales más altos para quienes ya tienen empleo. Juntos, estos dos factores contribuyeron a reducir la pobreza en 3,53 puntos porcentuales entre 2012 y 2019, y en 3,67 puntos entre 2021 y 2024.

El contraste con el empleo informal es revelador. Entre 2012 y 2019, la informalidad aumentó la pobreza en casi 2 puntos porcentuales. En el período siguiente apenas contribuyó 2,19 puntos a reducirla. La informalidad no es un amortiguador contra la pobreza: es, en muchos casos, una trampa que perpetúa ingresos bajos e inestables, sin acceso a los mecanismos de protección que caracterizan el empleo formal.

Figura 2: Descomposición de los cambios en la pobreza monetaria, 2012-2019 vs 2021-2024

La conclusión es clara: la mejor herramienta para sacar colombianos de la pobreza es más y mejores empleos formales. Todo lo que desincentive la formalización, cargas excesivas sobre la nómina, rigideces en la contratación, incertidumbre regulatoria opera en contra de ese objetivo.

Lo que no funciona (o funciona poco): las transferencias

El estudio también analiza el impacto de las transferencias monetarias del Estado: Familias en Acción, Ingreso Solidario, Colombia Mayor, Renta Ciudadana y ayudas municipales. El resultado es incómodo para quienes ven en las transferencias la solución principal a la pobreza.

Entre 2012 y 2019, el impacto agregado de estas ayudas sobre la pobreza fue casi nulo. Entre 2021 y 2024, el panorama empeoró: cuando el gobierno desmontó Familias en Acción, lo reemplazó por Renta Ciudadana con problemas de implementación y luego lo desfinanció, las transferencias aumentaron la pobreza en 0,84 puntos porcentuales. Un análisis de Fedesarrollo muestra por qué: los errores de focalización son el principal sospechoso. En 2024, el 45,4% del gasto en compensación del IVA llegó a hogares que no son pobres. Renta Ciudadana destinó el 32,7% de sus recursos a hogares no pobres. Colombia Mayor, el 36,6%.

Figura 3: Gasto en subsidios y transferencias por quintil de ingreso, 2024

Cuando casi un tercio o más de los recursos de un programa social llega a personas que no lo necesitan, el impacto sobre la pobreza es inevitablemente modesto. Y cuando además el programa se desmonta, se rediseña mal y se desfinancia, el impacto puede volverse negativo.

Esto no quiere decir que las transferencias no tengan ningún papel. Una red de protección social bien diseñada y focalizada cumple una función legítima, especialmente para poblaciones que no pueden vincularse al mercado laboral. Pero presentarlas como el eje central de una estrategia de reducción de pobreza es, a la luz de la evidencia, un error de diagnóstico. Su aporte potencial es modesto y su aporte real puede ser negativo cuando la implementación falla.

El enemigo silencioso: la inflación

El DANE publicó su propia descomposición para 2024 y los números son contundentes. El crecimiento de los ingresos redujo la pobreza monetaria en 4,54 puntos porcentuales. Las políticas de redistribución aportaron apenas 0,64 puntos. Y la inflación aumentó la pobreza en 2,35 puntos, borrando más de tres veces el avance logrado por todas las transferencias del gobierno ese año.

Figura 4: Descomposición de la diferencia de la incidencia de pobreza monetaria, 2023-2024

En pobreza extrema, el resultado de las políticas redistributivas fue incluso peor: aumentaron la pobreza extrema en 0,35 puntos en 2024. Fue el crecimiento de los ingresos el que compensó ese retroceso.

Figura 5: Descomposición de la diferencia de la incidencia de pobreza monetaria extrema, 2023-2024

Combatir la inflación no es solo política monetaria abstracta ni un objetivo tecnocrático desconectado del bienestar de la gente. Es política social concreta. Cuando los precios suben más rápido que los ingresos, los hogares más vulnerables son los primeros en caer por debajo de la línea de pobreza, porque destinan una proporción mayor de su ingreso a bienes básicos como alimentos y servicios públicos. La estabilidad de precios no es un lujo: es una condición necesaria para que el crecimiento económico se traduzca en reducción de pobreza.

¿Qué sigue?

Las tres conclusiones apuntan en la misma dirección. Para reducir la pobreza se necesita crecimiento económico sostenido que genere empleo formal de calidad. Para lograr ese crecimiento se necesita productividad, inversión, innovación, instituciones sólidas y reglas claras de juego. Y para que ese crecimiento no se evapore en inflación, se necesita disciplina macroeconómica y política fiscal sostenible.

Eso implica un conjunto de condiciones que el próximo gobierno tendrá que tomarse en serio: una política fiscal que no espante la inversión privada, mercados que permitan la competencia y el emprendimiento, un entorno regulatorio que incentive la formalización y no la castigue, y un banco central con independencia suficiente para mantener la inflación bajo control. El camino para reducir la pobreza en Colombia no pasa por más transferencias mal focalizadas ni por retórica redistributiva sin sustento. Pasa por hacer crecer la economía de manera incluyente, con empleo formal, precios estables e instituciones que funcionen.

17 de marzo de 2026

Enrique Sanz Posse

Fuentes

Banco de la República: Una década de cambios en la pobreza monetaria en Colombia: respuestas locales a choques agregados. https://investiga.banrep.gov.co/es/documentos/dtser-342

Fedesarrollo: Políticas para la inclusión social y productiva. https://www.repository.fedesarrollo.org.co/handle/11445/4855

DANE: Estadísticas de pobreza monetaria 2024. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza-y-condiciones-de-vida/pobreza-monetaria

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