Votar para no crecer pt. 2: por qué no necesitamos votantes “irracionales” para explicar resultados electorales “indeseados”

The County Election de George Caleb Bingham (1852), via Saint Louis Art Museum

En mi entrada del blog anterior (Votar para no crecer pt. 1) exploré cómo, a medida que aumenta la polarización política, hay menos votos a favor de aumentar la inversión pública y crecen los incentivos para favorecer un presupuesto lleno de mermelada.  Esto es lo que yo llamo en mi trabajo una solución “subóptima”, ya que si la inversión pública fuese más alta, el crecimiento económico, y por ende el bienestar de toda la sociedad, sería más alto.

En esta entrada voy a explorar un elemento central de mi modelo que me permitió llegar a este resultado “inesperado”. En mi modelo este resultado indeseado se da aun a pesar de que parto de la premisa de que los votantes son racionales. Es decir, el resultado indeseado de mi modelo no se debe a que los votantes “votan mal”, “están mal informados”, “se dejan engañar”, “no se ponen de acuerdo por tener preferencias muy diferentes” o incluso “votan en contra y no a favor”. 

Sucede todo lo contrario, aun con toda la información posible, sin “errores cognitivos” y sin mala fe, los votantes actuando en el mejor de sus intereses propios resultaron en un equilibrio donde hay menor inversión y mayor gasto público improductivo. 

Son dos razones que me llevaron a partir de esta premisa. Primero, haber partido de una premisa de que los votantes son irracionales, o hay información incompleta o incluso que son tan heterogéneos entre ellos que no logran ponerse de acuerdo, habría, en cierta forma, “comprado” el resultado central de mi modelo. 

Segundo, si la razón por la cual se llega a un resultado “indeseado” es que los votantes son irracionales, o votan mal, o están mal informados, etc., entonces la solución política es tener “mejores” votantes o tenerlos “mejor” informados. 

Entonces, por contradicción supongamos que fue así. Que diseñé un modelo de la economía política de la política fiscal donde los votantes en mi modelo son irracionales, tienen información incompleta o son altamente heterogéneos. Voy a hacer dos cosas. Por un lado, analizar las implicaciones positivas de cada una de estas tres dimensiones de economía política. Por otro lado, discutiré sobre las implicaciones positivas para el diseño de política pública de partir de premisas sobre el comportamiento “irracional” de los votantes. 

Votantes racionales:

En un modelo económico, tener agentes racionales es un supuesto necesario y a la vez, facilita mucho el diseño matemático. En esencia, cuando son racionales, los votantes son capaces de: i) comparar alternativas entre ellas (supuesto de completitud), ii) sus preferencias son ordenadas y tienen lógica (si yo prefiero la manzana al banano, y la piña a la manzana, entonces lógicamente yo debería preferir la piña al banano. Esto se llama transitividad). Palabras más palabras menos, los votantes con la información que tienen son capaces de tomar las mejores decisiones para ellos mismos y no “votan con los pies”. 

En mi modelo esto significa que los votantes votan con su interés (y el de su distrito electoral) en mente. Es más, dado que los agentes votan de forma racional (comparan propuestas de política, analizan sus impactos y quieren maximizar su bienestar), entonces el resultado político indeseado no se puede explicar culpando a los votantes por “votar con los pies” como usualmente ocurre en el discurso actual.

Desde un punto de vista personal (y liberal) prefiero partir de la premisa de que los votantes saben votar y votan por lo que quieren. De esta forma, no caemos en la tentación (iliberal a mi forma de ver) de criticar a los que votan distinto de votar con los pies, de ser incompetentes, o peor, de tener mala fe. 

Información completa:

En mi modelo económico, que los votantes tengan información completa implica que los votantes conocen las decisiones que el resto de los votantes va a tomar, conocen la riqueza total de la economía y no hay incertidumbre. Como no hay incertidumbre, la decisión racional que están tomando además cuenta con toda la información posible. Esto tiene dos implicaciones. Por un lado, que tengan toda la información posible implica que no cometen errores de decisión y además están bien informados. Por otro lado, a los votantes no se les puede engañar.

Sobre este punto quiero hacer un comentario. Existe una tradición en la literatura de economía política muy interesante que emplea el supuesto de información incompleta para desarrollar modelos mediante los cuales los políticos son capaces de engañar a los votantes para su ganancia propia. Estos son los modelos de Ciclos Políticos Presupuestales (Political Budget Cycles) de la tradición de Nordhaus mediante los cuales los políticos son capaces de engañar a los votantes sobre sus capacidades.

Por ejemplo, aumentando el gasto público para reducir el desempleo en la antesala de las elecciones a costa de mayor inflación. Los votantes, dado que tienen información incompleta, se les puede entonces engañar y terminan votando por políticos de baja habilidad, ya que solo observan que el desempleo bajó antes de las elecciones. Pero luego de las elecciones, la inflación se dispara y como el político es de baja habilidad, no puede controlarla. Es decir, por tener información incompleta llegamos a un resultado indeseado. Una implicación de estos modelos es que el problema está en el votante medio que tiene mala información y “si solo” estuviese mejor informado, entonces tomaría mejores decisiones. 

En mi modelo muestro que ese no siempre es el caso. Incluso si los votantes son racionales, con información completa y no se les puede engañar, aún llegamos a un resultado indeseado. Esto es útil ya que me permite enfocarme en el diseño de las reglas de juego institucionales y el conflicto de intereses en vez de criticar a los votantes. 

Agentes homogéneos:

Un supuesto adicional, que es usualmente criticado por la economía heterodoxa, es el supuesto de agentes homogéneos. En mi modelo, todos los votantes son iguales con la excepción del distrito electoral al que pertenecen. No tengo agentes que prefieren pintar las casas de azul vs otros que las quieren pintadas de rojo, no tengo agentes que prefieren un nivel de gasto más alto y otros que quieren un nivel de gasto más bajo. Ni siquiera tengo diferencias culturales, cognitivas ni desigualdad de ingresos. Todos los agentes tienen el mismo algoritmo de selección y se enfrentan a las mismas formas funcionales. 

Supongamos por un momento que yo hubiese tenido agentes heterogéneos. Por ejemplo, que algunos distritos fuesen más ricos que otros, o que hubiese dos tipos de gasto público improdutivo (ej. pintar las casas de azul o pintarlas de rojo) o que hubiese agentes sin acceso al crédito, que solo viven del presente y de sus ingresos laborales (lo que se conocen como Hand-to-mouth agents) mientras que otros pueden ahorrar y endeudarse (Ricardian-agents). Ahora yo tendría dos canales para explicar el conflicto político y ya no sería tan claro el rol del diseño de las reglas de votación. Vale la pena aclarar que algunos trabajos de la Nueva Economía Política liderada por Alesina incluyen la heterogeneidad de los agentes como fuente del conflicto político que genera resultados muy interesantes para responder otro tipo de preguntas. Pero este no es el caso de mi modelo.

En cambio, partir de agentes homogéneos me permite responder preguntas sobre cómo incluso cuando no hay diferencias no materiales entre agentes logramos un resultado político indeseado. Ya no le estoy echando la culpa a que hay votantes que votan con los pies, ni la culpa es que los votantes están mal informados o que los que votan distinto están mal y ojalá votaran como yo. 

Entonces, simplificar mi modelo y partir de la premisa de que los agentes son racionales, tienen información completa y son homogéneos me permite aislar distintos canales, tener un resultado tractable y realmente enfocarme en el núcleo de la discusión. Entonces,el resultado indeseado de mi modelo (“la polarización política reduce los incentivos para votar a favor de mayor inversión pública y aumenta la demanda de un gasto público improductivo”) se da aun cuando los votantes “votan bien” y “están bien informados” e incluso cuando no hay diferencias no-materiales significantes.

De esta manera llego al segundo punto que quería discutir: las implicaciones de política. 

Dado que el resultado de mi modelo se da debido a las reglas de juego, y no porque los votantes votan mal o están mal informados, entonces esto me permite analizar mejor los incentivos políticos. La respuesta a este modelo para tener soluciones óptimas es entonces diseñar mejores instituciones que permitan alinear los incentivos de los votantes y que reconozcan los incentivos que tienen los votantes de votar con su interés propio. Esto me parece más interesante que llegar a una  conclusión donde obtendríamos mejores resultados si los ciudadanos simplemente “votaran mejor”.  


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