Cinco reflexiones y una reforma
Este fue un texto que escribí en mayo de 2021, en medio del estallido social y la reforma tributaria presentada por el gobierno.
La primera, esta fue una reforma necesaria, ambiciosa en unos temas, tímida en otros, contradictoria en algunos y con varias cosas por mejorar. Perfecta no era, pero dejaba un país mejor que el país que tenemos. La reforma requiere de un análisis riguroso punto por punto y después uno en conjunto. Adicionalmente, la crisis nos dio una oportunidad de realizar una reforma de este calibre al evidenciar un montón de problemas y desigualdades.
Fue necesaria por varias razones. La primera es para cubrir el déficit y evitar una pérdida del grado de inversión. La segunda para poder financiar la transformación social que promete el Ingreso Solidario y la apuesta por la reducción de la pobreza. La tercera es porque nuestro estatuto tributario requiere de un cambio estructural. Aunque esta no era estructural, iba por ese camino y por eso es necesaria. Fue ambiciosa porque aparte de intentar cubrir el hueco fiscal buscaba realizar unos cambios fundamentales, incluir impuestos verdes, mover la carga de impuestos de las empresas a las personas de manera progresiva, aumentar la base gravable del impuesto de renta y financiar unos programas sociales muy ambiciosos. Fue tímida porque se prometió mucho pero se hizo poco en gravar al percentil más rico (p.ej el impuesto al patrimonio pudo haber sido mayor o empezar a cobrarse desde más abajo). También fue tímida en tocar el zoológico de exenciones sin razón económica, en gravar los dividendos, en corregir e problema pensional y otros. Fue contradictoria porque habla de eliminar el sistema de estrato como instrumento de focalización pero lo usa para gravar IVA a los estratos altos. Fue también contradictoria por querer eliminar exenciones pero dejarlas casi todas. En suma, aunque considero que fue generalmente positiva y dejaba al país en un mejor lugar, tenía cosas por mejorar.
La segunda reflexión es sobre la estrategia de comunicación. Mejor dicho, la falta de una estrategia de comunicación. La reforma fue construída sin apoyo de la sociedad, fue presentada a pedazos en reuniones con gremios y lanzada al público de sorpresa. No hubo interés en explicar sus puntos positivos, los intentos de desmentir información falsa fueron casi inexistentes. Una reforma de tal calibre sin estrategia de comunicación es perfecta para que sea criticada y se rodee de desinformación, mentiras, oportunismo y exageraciones. La propuesta se lanzó al agua y el gobierno debió ser incansable en explicarla, en hacerla llegar de manera pedagógica a todo el mundo, en explicar qué significa cada cambio y por qué se hace. Pero se dejó que sean los políticos, la prensa y la academia la que la explique. Curioso esto, pero pésima estrategia. En especial porque los economistas somos particularmente malos en explicar temas técnicos de manera pedagógica.
La tercera reflexión es sobre el nivel de oportunismo político y polarización que hay. La reforma tocó intereses de políticos y gremios. Por ejemplo, gravando las pensiones de más de 7 millones mensuales y cerrando unas pocas exenciones tributarias. Esto era necesario y es un aspecto positivo, aunque tímido, de la reforma. Salieron políticos a diseminar mentiras, exageraciones y desinformación, asustando a los ciudadanos con que les quitarán sus pensiones, que con el impuesto de renta perderán el salario honesto y pagarán tanto IVA en la canasta familiar que no tendrán con que qué comer. Estamos en año pre-electoral y los políticos lo saben, criticar la reforma es blanco fácil, dar la discusión sobre sus múltiples cambios, su justificación y efectos no lo es. Me entristece este nivel de oportunismo, desinformación, mentiras y politiquería. Todo por las elecciones y nada por el país.
La cuarta es entender un poco más los motivos que tienen las personas para protestar. La credibilidad del gobierno es baja, hay poca confianza y mucho por criticarle al estado. Que la corrupción, que la evasión, que las cuentas poco claras. Todo esto resultó en un escepticismo y sumado a esa cifra de cajón de los 50 billones en corrupción y otros tantos en evasión resulta en dos opiniones. La primera es “por qué pagar impuestos si se los roban” y la segunda es: “para qué reforma si se puede eliminar la corrupción y la evasión”. A esto le sumo un factor: escuchar las palabras iva, reforma e impuestos juntas pone a las personas a la defensiva. Junto con la baja confianza en el gobierno el espacio para el diálogo para explicar los beneficios directos e indirectos se empequeñece mucho.
La quinta es entender la reforma como la gota que derrama el vaso. Pandemia, desigualdad, crisis climática, desempleo, inseguridad, la infame política criminal y de drogas, los asesinatos de los líderes políticos, la soberbia y arrogancia del gobierno. Todo esto da para protestar, para enardecer a varias personas. Razones válidas las hay. Claro, la violencia no se justifica, pero entiendo por qué muchos salen a protestar.
Sumo las cinco reflexiones y creo que me acerco un poco más a entender qué pasó. Ojalá de esto salga una gran reforma estructural y consensuada. Ojalá mantengamos el grado de inversión (a propósito, perderlo empobreceríaa más a los colombianos que en este momento protestan en contra de la reforma). Creo en un mundo mejor y en que algún día se dé una gran reforma fiscal en este país. La noche está pasando y el día llegará de nuevo.
3 de mayo de 2021.

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